Berlín, ciudad de cine

La historia de Berlín está profundamente vinculada al s. XX, razón por la cual ha sido representada en el cine desde los orígenes del mismo. Ya los hermanos Skladanowsky, berlineses inventores y pioneros del cine, eligieron vías como Unter den Linden o Friedrichstrasse para hacer sus primeros experimentos en la filmación de imagen en movimiento. Como una de las principales metrópolis europeas de principios del s. XX. Berlín fue el principal foco del movimiento, la máquina y la vida moderna, algo que fue representado a modo de sinfonía en cinco movimientos en la película Berlín, sinfonía de una ciudad (Berlin, die Sinfonie einer Großstadt, W. Ruttmann, 1927).

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Sin embargo, la derrota en la Primera Guerra Mundial había coloreado la ciudad con una mezcla de humillación, vértigo y necesidad de expresarse, lo cual propició la creación en el mundo de la música, el arte, el teatro y el cine. Berlín se convirtió en un centro de producción cinematográfica a nivel internacional dando algunos de los títulos más relevantes de la historia del cine alemán, como El gabinete del Dr. Caligari (Das Kabinett des Dr. Caligari, R. Wiene, 1919), Metrópolis (Metropolis, F. Lang, 1927) o El ángel azul (Der blaue Engel, J. von Sternberg, 1930). La ciudad pasó de ser la capital del Imperio Alemán al principal foco de descaro durante los años de la República de Weimar. Berlín respiraba libertad y hedonismo, y gran parte de la sociedad entró en un estado de frenesí que sirvió para evadirse de la situación socio-política de Alemania.
Películas como Cabaret (Cabaret, B. Fosse, 1972) muestran cómo una parte de los berlineses empleó ese espacio para la diversión y el fin de la censura, mientras se gestaba el auge de una extrema derecha que pondría fin al desorden, la corrupción y el denominado “arte degenerado” en esta república ingenua e inestable. De este contexto procedía la nueva mujer alemana, en una nueva sociedad y jugando un nuevo papel.

Producto de todo esto fue Marlene Dietrich, actriz y cantante berlinesa que supo encarnar el nuevo espíritu de Berlín: atrevido, libre y con una enorme necesidad de cambio.

 

 

Los acontecimientos históricos a los que se vio abocado el país llevaron en 1933 al ascenso al poder del partido nazi, el cual se hizo con una industria cinematográfica sólida que sirvió como elemento de propaganda ideológica. Fue ésta una de sus principales herramientas políticas: control de medios de comunicación, instrumentalización del arte y la capacidad de contar con algunos de los mejores profesionales del mundo del cine, como la directora Leni Riefenstahl. Fueron los documentales El triunfo de la voluntad (Triumph des Willens, L. Riefenstahl, 1934) y Olympia (Olympia, L. Riefenstahl, 1936) los que crearon y definieron la imagen del Tercer Reich, acercaron la figura política de Hitler a la sociedad alemana y sirvieron para proyectar al exterior la idea de un país fuerte, recuperado y en buen estado de salud.

 

Olympia

 

Los cines y teatros de la Kurfürstendamm, que habían sido protagonistas de estos estrenos de cine, pasaron a proyectar un tipo de producto cinematográfico capitalista que servía como escaparate del mundo libre. Las consecuencias que trajo el Tercer Reich a Europa hicieron que nada de lo que había definido la cultura alemana durante el nazismo podía volver a repetirse. Quedó así el país dividido por una suerte de guillotina ideológica que obligaba a Berlín a replantearse su identidad cinematográfica. Desde la perspectiva occidental, el cine construyó la imagen de Berlín del Este como un lugar hostil y desconfiado. La tendencia a la producción de películas sobre espionaje como Cortina rasgada (Torn curtain, A. Hitchcock, 1966), Funeral en Berlín (Funeral in Berlin, G. Hamilton, 1966) y Octopussy (Octopussy, J. Glen, 1983) encontró su escenario idóneo en esta ciudad-prisión.

Favorecida por la presencia de los aliados, Berlín fue protagonista de la creación en 1951 del Festival Internacional de Cine de la Berlinale, considerado hoy día uno de los mejores festivales de cine de Europa. Celebrado a partir de la la caída del muro en 1989 también en Berlín Oriental, trasladó su sede a partir del año 2000 al entorno de Potsdamer Platz, donde también se ubicó en el edificio Filmhaus el Museo del Cine.

 

 

La historia de Berlín ha sido por tanto construida y recuperada a través del séptimo arte. Calles, plazas y monumentos como la Avenida Karl-Marx, Potsdamer Platz o la Puerta de Brandeburgo han sido representados sistemáticamente a lo largo del s. XX, siendo la propia ciudad escenario de rodaje de títulos como El cielo sobre Berlín (Der Himmel über Berlin, W. Wenders, 1987), ¡Un, dos, tres! (One, two, three!, B. Wilder, 1961), Goobye, Lenin! (Goodbye, Lenin!, W. Becker, 2003), o Corre, Lola, corre (Lola rennt, T. Tykwer, 1998).

 

 

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2018-06-04T20:23:33+00:00By |Historia|

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